Los contextos de tratamiento de los que se dispone para superar una adicción son los centros hospitalarios, Comunidades Terapéuticas (contextos residenciales), la hospitalización parcial y los programas ambulatorios.
La hospitalización se considera apropiada en pacientes con una, pacientes con un riesgo de síndrome de abstinencia grave o con complicaciones médicas; pacientes con trastornos médicos (somáticos) asociados que hacen que la desintoxicación ambulatoria no resulte segura; pacientes con una patología asociada psiquiátrica que deterioraría notablemente su capacidad de participación, cumplimiento o aprovechamiento del tratamiento o cuya patología asociada exigiría de por sí una asistencia de tipo hospitalario (por ejemplo depresión con ideas suicidas o psicosis aguda y en los que el trastorno o trastornos por consumo de sustancias constituyen una amenaza permanente para su salud física y mental.
El tratamiento en Comunidades Terapéuticas está indicado en los pacientes en los
que no se cumplen los criterios clínicos para la hospitalización, pero cuyas vidas e
interacciones sociales han llegado a centrarse predominantemente en el consumo de la
sustancia, y que carecen de la capacidad profesional y social suficientes y de los apoyos
sociales necesarios para mantener la abstinencia en un contexto ambulatorio. El
tratamiento en una Comunidad Terapéutica durante 3 meses o más se asocia a un mejor
resultado a largo plazo en estos pacientes.
La asistencia hospitalaria parcial ha de contemplarse en los casos de pacientes que requieren unos cuidados intensivos cuando existe una probabilidad razonable de evitación del consumo ilegal de sustancias fuera de un contexto restringido.
El tratamiento ambulatorio de los trastornos adictivos es apropiado en los pacientes cuyo estado clínico o circunstancias que le rodean no requieren un grado de asistencia más intensivo.
En cualquiera de estos contextos de tratamiento, un planteamiento global, utilizando cuando están indicadas diversas intervenciones de psicoterapia y farmacológicas, junto con una vigilancia conductual, constituye el enfoque óptimo.