Por definición, una persona adicta es alguien que tiene dificultad para dejar el consumo de drogas. Se puede haber empezado por utilizarlas libremente, por diversión… pero más tarde se piensa que no pueden dejarlas o bien no escogen voluntariamente dejarlo.
Al principio, algunas personas perciben los efectos positivos del consumo de drogas, pensando también que están controlando su consumo por mucho que éste esté aumentando, sin ser consciente que las drogas están controlando sus vidas.
Con el tiempo, y si el consumo de drogas continúa, las actividades placenteras se vuelven menos placenteras y el abuso de drogas se hace necesario simplemente para que los usuarios se sientan “normales”, desarrollando la creencia que no tienen las mismas capacidades que las demás personas, por lo que necesitan el efecto de la droga para poder relacionarse de manera eficaz.
Los programas de habilidades sociales tienen el objetivo de responder a las necesidades de las personas que participan en él ya que muchos de ellos carecen de las habilidades necesarias para desenvolverse en el mundo social y laboral.
El simple hecho de “eliminar” la droga de sus vidas no es suficiente, sino que lo que se pretende es “sustituir” la función que cumplía la droga por una habilidad que no desencadene consecuencias negativas en la persona. Por ejemplo, una persona que utiliza cocaína como único método para sentirse a gusto y relacionarse con un grupo de amigos, una vez que ha pasado el proceso de desintoxicación si no ha adquirido unas habilidades sociales específicas de comunicación, relación interpersonal, etc. se sentirá muy frustrado e indefenso cuando se encuentre en un grupo, por lo que tenderá a aislarse y se reafirmará la creencia de tipo “sólo con cocaína soy sociable”. Precisamente esta una de las principales razones por la que los tratamientos exclusivos de desintoxicación tiene un porcentaje de recaídas mucho mayor si no se acompaña de tratamiento psicológico. |